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📖 En este artículo aprenderás:

  • Lo básico: las tinturas madre y por qué deberías aprender a hacerlas
  • Infusiones y decocciones: ¿cuál es la diferencia y cuándo usar cada una?
  • Ungüentos y pomadas caseras: grasa, cera y plantas
  • Aceites esenciales caseros: ¿vale la pena o es mejor comprarlos?

La semana pasada estaba en el mercado de Paloquemao en Bogotá, revisando unos frascos de vidrio oscuro que compré en la carrera 10 con calle 19, y me encontré con una señora que vendía tinturas de ajo preparadas. “Esto es mejor que cualquier antibiótico”, me dijo con toda la confianza del mundo. Yo le sonreí, pero honestamente no estoy tan seguro. Y ahí empecé a pensar en escribir esto que te voy a contar: cómo preparar tus propias medicinas en casa sin matarte en el intento, pero también sin caer en el cuento de que todo lo natural es inocente. Porque mire, yo he visto demasiada gente que cree que por ser una planta ya es inofensiva. Y eso es mentira. Lo natural también puede ser tóxico si no se sabe usar. La semana pasada mismo, un amigo de Cali me escribió por WhatsApp diciéndome que se había tomado un té de hojas de borraja para la tos y terminó con el hígado inflamado. O sea, no se puede improvisar así nomás. Por eso, en este artículo quiero compartir lo que he aprendido en estos años, mezclando lo que mi abuela de Tunja me enseñó con lo que he leído de fuentes como la EMA (Agencia Europea de Medicamentos) o las monografías de la OMS. Pero bueno, tampoco es que yo sea un experto. La verdad, no tengo título, solo experiencia y muchas horas de lectura. Lo que yo entiendo es, siempre es mejor prevenir que curar. No soy médico, pero, siempre es mejor prevenir que curar.

— Esto es algo que mucha gente no sabe.

Ahora, si hay algo que realmente vale la pena hacer en casa son las tinturas madre. ¿Por qué? Porque son concentrados de principios activos que se conservan por años, y igualmente se pueden dosificar con facilidad. Yo aprendí a hacerlas con mi abuela cuando vivía en Tunja, ella tenía un cuarto lleno de frascos con alcohol y plantas secas. “Esto es como guardar el sol en un frasco”, decía. Y pues sí, algo de razón tenía. Desde mi punto de vista, no todo lo que brilla es oro, pero las tinturas madre son una de las preparaciones más seguras y efectivas para tener en casa. Pero ojo: no es solo echar alcohol a una planta y ya. Hay detalles que se me escapan, pero uno va aprendiendo. Quienes ya lo han probado suelen confirmar estos efectos.

Lo básico: las tinturas madre y por qué deberías aprender a hacerlas

Bueno, empecemos con lo que yo considero el pilar de la medicina casera: la tintura madre. En esencia, es una extracción de los compuestos activos de una planta usando alcohol etílico (o a veces vinagre, si no toleras el alcohol).

La planta se macera en el alcohol por un período que va de 2 a 6 semanas, dependiendo de la parte de la planta y de lo que quieras extraer. La abuela usaba aguardiente de caña, pero hoy se consigue alcohol de 70% o 96% en farmacias. La verdad, no recomiendo usar alcohol de 96% para todas las plantas porque puede quemar ciertos compuestos, pero eso varía. He leído en la monografía de la OMS sobre plantas medicinales que para raíces y cortezas se prefiere alcohol al 60-70%, y para hojas y flores, a veces alcohol al 40-50% basta. Pero no estoy 100% seguro de que eso sea universal.

Hace dos meses, una señora de Medellín me contactó por el blog, me dijo que había hecho una tintura de propóleos con alcohol de 96% y le salió tan fuerte que casi se quema la garganta. O sea, hay que tener cuidado con las concentraciones. Yo personalmente prefiero usar alcohol de 70% para casi todo: es la concentración que se usa en la farmacopea para extraer la mayoría de alcaloides y flavonoides. Pero bueno, cada quien con su experiencia. Es una duda muy común entre quienes empezáis con las plantas.

El proceso es sencillo: llenas un frasco de vidrio oscuro con la planta seca o fresca (si es fresca, asegúrate de picarla bien), lo cubres de alcohol, cierras bien y lo dejas en un lugar oscuro y fresco. Lo agitas cada par de días. Después de mínimo 2 semanas, filtras con un paño de algodón o un filtro de café. Y listo, tienes una tintura que dura años. Yo tengo una tintura de caléndula que hice en 2018 y aún sirve. Desde mi punto de vista, este tema es más relevante de lo que parece.

Ahora, ¿para qué sirven? Depende de la planta. La tintura de echinacea la uso yo para los primeros síntomas de resfriado, pero no me convence del todo. He leído estudios que dicen que reduce la duración del resfriado en un día y medio, pero también he visto que otros dicen que no sirve.

La verdad, no sé si es del todo correcto. A mí me funciona, pero quizás es efecto placebo. Lo que sí he visto es que la tintura de propóleos es buena para infecciones de garganta, pero no es un antibiótico potente, como decía la señora del mercado.

Una recomendación que siempre doy: si vas a hacer tinturas para niños o personas con problemas de hígado, considera usar vinagre de manzana en vez de alcohol. El vinagre extrae menos compuestos, pero es más seguro. El problema es que se echa a perder más rápido. Una amiga de Popayán me dijo que ella usa glicerina vegetal para hacer tinturas sin alcohol, pero a mí me parece que el extracto no queda igual de fuerte. No sé, eso es mi opinión. En mi caso, este tema es más importante de lo que parece.

¿Cómo dosificar una tintura madre?

Aquí viene lo complicado. No hay una dosis universal. La forma tradicional es contar gotas. Una tintura estándar se toma de 20 a 40 gotas, 3 veces al día, diluidas en agua o jugo. Pero eso depende de la potencia de la planta. La tintura de valeriana, por ejemplo, se usa en dosis más bajas (10-15 gotas) porque es sedante.

La de jengibre se puede usar hasta 60 gotas si es para digestiones lentas. Yo no me atrevo a dar recomendaciones universales, porque cada cuerpo reacciona diferente. He visto a gente que con 5 gotas de tintura de ajo se siente mal del estómago, y otros que toman 30 gotas sin problema. O sea, hay que probar con cuidado. En los comentarios suele haber buenas experiencias compartidas.

Lo mejor es empezar con dosis pequeñas (5 gotas) e ir subiendo si no hay reacción adversa. Y si tienes alguna condición crónica o tomas fármacos, consulta con un profesional. La verdad, yo no soy médico y no quiero hacer daño.

→ Como puedes imaginar:

Infusiones y decocciones: ¿cuál es la diferencia y cuándo usar cada una?

Bueno, pasemos a un tema que parece sencillo pero que muchos confunden: la infusión y la decocción. Para los que vienen de la cocina, una infusión es como hacer té: se vierte agua caliente sobre la planta y se deja reposar. Una decocción es hervir la planta en agua por un rato. La diferencia no es solo técnica, sino que cambia lo que se extrae. Las partes blandas (hojas, flores) se benefician de la infusión, porque los compuestos volátiles se evaporan si hierven demasiado. Las partes duras (raíces, cortezas, semillas) necesitan cocción para liberar sus principios activos. Es una duda muy común entre quienes empezáis con las plantas.

De hecho, mi abuela siempre decía: “Para la fiebre, infusión de hoja de naranjo; para los parásitos, decocción de ajenjo”. Y ella no se equivocaba. La infusión de manzanilla es suave, pero si la hierves, se vuelve amarga y pierde propiedades. En cambio, la decocción de raíz de jengibre necesita al menos 10 minutos de hervor para ser efectiva contra las náuseas. Como seguro habrás visto, si alguien tiene problemas digestivos, el hinojo puede ser una gran opción.

Un error común es hacer decocciones demasiado largas. La mayoría de plantas medicinales no necesitan más de 10-15 minutos de hervor. Si hierves por más tiempo, puedes extraer taninos que irritan el estómago o destruir compuestos frágiles.

He leído en un artículo de la revista Journal of Ethnopharmacology que las decocciones de corteza de quina (Cinchona) pierden alcaloides si se hierven más de 20 minutos. Y eso es grave, porque la quina se usa para la malaria. La verdad, no sé si la fuente es confiable, pero lo he visto en varios sitios.

Para los profesionales de la salud natural, les sugiero que estandaricen los tiempos. Por ejemplo:

  • Infusión de hojas y flores: 5-10 minutos tapado.
  • Decocción de raíces y cortezas: hervir a fuego lento 10-15 minutos, luego reposar 5 minutos.
  • Decocción de semillas: a veces triturar primero y hervir 5 minutos (como las semillas de hinojo).

Pero ojo, esto es una guía general. La dosis también varía: una cucharadita de planta seca por taza de agua, o dos si es fresca. Nada de “al ojo”, porque puedes pasarte. Un colega de Bucaramanga me contó que una vez hizo una decocción de ruda para cólicos y le puso tres cucharadas, y la paciente terminó vomitando. La ruda es tóxica en dosis altas. O sea, no es broma.

Mejor hablemos de algo que a mí me parece más interesante: las decocciones concentradas, o cocimientos. Son como caldos de plantas que se usan para hacer jarabes o para baños externos.

Según publicó la Agencia Europea de Medicamentos por ejemplo, para un baño de asiento con manzanilla, haces una decocción bien cargada (un puñado de flores en un litro de agua, hervido 10 minutos) y lo usas tibio. Eso sí lo he probado personalmente para hemorroides y funciona, no sé si por las propiedades antiinflamatorias o porque el agua caliente relaja. A veces uno no sabe.

Ungüentos y pomadas caseras: grasa, cera y plantas

Ahora vamos a algo más entretenido: los ungüentos. Esto es magia pura, la verdad. Hacer una pomada casera es una de las cosas más gratificantes que he hecho. Básicamente, se trata de infusionar una planta en un aceite (de oliva, de almendras, de coco) y luego mezclarlo con cera de abejas para darle consistencia. El resultado es una crema espesa que se aplica sobre la piel. Muchos lectores nos habéis preguntado sobre esto.

Yo empecé haciendo ungüento de caléndula para mi madre, que tiene la piel seca. Lo primero que hice fue poner flores de caléndula secas en aceite de oliva virgen extra, en un frasco de vidrio, y lo dejé al sol por tres semanas. Luego colé el aceite, lo calenté a baño maría y le agregué cera de abejas rallada (una parte de cera por cada cuatro de aceite, más o menos).

Lo vertí en potes pequeños y dejé enfriar. Quedó con un color naranja hermoso y un olor a campo. La cuestión es que a mi madre le encantó, pero la verdad, no sé si el proceso extrajo bien los compuestos. He leído que la caléndula necesita maceración en aceite por al menos 6 semanas para extraer los triterpenos, pero yo no tuve paciencia.

Otra experiencia: con un amigo de Pereira hicimos ungüento de árnica para dolores musculares. El árnica es famosa por su efecto antiinflamatorio, pero también es tóxica si se ingiere. Por eso se usa solo externamente. Hicimos la misma técnica, pero con hojas y flores secas. El resultado fue un ungüento que olía fuerte, casi a medicina vieja. No soy médico, pero, no hay que subestimar el poder de las plantas.

Mi amigo lo usó después de jugar fútbol y dijo que le alivió, pero puede ser el masaje. Honestamente, no creo que el ungüento casero sea tan potente como una crema farmacéutica con árnica estandarizada, porque la concentración es mucho menor. Pero si no tienes acceso o prefieres lo natural, funciona.

Ahora, un problema común con los ungüentos caseros: se ponen rancios rápido si no usas antioxidantes naturales como vitamina E. Puedes comprar vitamina E en cápsulas y agregar una o dos al aceite antes de mezclar con la cera. También puedes guardarlos en la nevera. Yo he tenido pomadas que me duran seis meses, pero otras se me pusieron feas a los dos meses. La cera de abejas ayuda a conservar, pero no es milagrosa.

¿Vale la pena hacer ungüentos o mejor comprar?

Depende. Si tienes tiempo y acceso a plantas frescas o secas de calidad, sí, vale la pena.

Sabes exactamente qué le estás poniendo a tu piel: sin conservantes sintéticos, sin fragancias artificiales. Pero si eres una persona ocupada o no tienes espacio, comprar en una tienda naturista de confianza puede ser mejor inversión de tiempo. La última vez que compré un ungüento de consuelda en una tienda en Bogotá, la consistencia era horrible, parecía grasa de motor. Eso me hizo pensar que mejor lo hago yo. Como seguro habrás visto, si alguien tiene problemas digestivos, el hinojo puede ser una gran opción.

Mi opinión personal: para uso externo, los ungüentos caseros son seguros siempre que uses plantas conocidas (caléndula, árnica, llantén, consuelda, hipérico). No te metas a hacer experimentos con plantas que no conoces, porque algunas pueden causar fototoxicidad o alergias.

Y por favor, no uses aceites esenciales concentrados directamente en la piel sin diluir, porque pueden quemar. Lo digo porque lo he visto: una amiga de mi hermana se puso aceite esencial de canela puro en la espalda para un dolor muscular y le salió una ampolla. O sea, cuidado.

Aceites esenciales caseros: ¿vale la pena o es mejor comprarlos?

Este es un tema peliagudo. Hacer aceites esenciales en casa no es lo mismo que hacer tinturas. Un aceite esencial puro requiere destilación al vapor o prensado en frío, y para la mayoría de las plantas eso necesita un equipo especial.

Con métodos caseros (como poner cáscaras de cítricos en un aceite base), lo que obtienes es un aceite infusionado, no un aceite esencial. Y eso está bien para aromaterapia suave o masajes, pero no tiene la potencia de un aceite esencial destilado.

Yo he intentado hacer aceite esencial de menta con el método de arrastre de vapor casero (una olla a presión con una manguera), pero fue un desastre. Me salieron como cinco gotas de un líquido turbio que olía a menta pero también a metal. La verdad, no lo recomiendo. Si quieres algo con real efecto terapéutico, es mejor comprarlos

📚 Fuentes y referencias

  1. Monografías de la EMA sobre plantas medicinalesAgencia Europea de Medicamentos (EMA)
  2. Guía de la OMS sobre buenas prácticas en medicina tradicionalOrganización Mundial de la Salud (OMS)
  3. Monografías de ESCOP sobre plantas medicinalesESCOP (European Scientific Cooperative on Phytotherapy)
  4. Estudios sobre preparaciones herbales caseras en PubMedPubMed (National Library of Medicine)
💬 Mi opinión personal sobre este tema:

Bueno, a mí me encanta la sábila pa' quemaduras, eso

— El Alquimista Verde, fundador de El Alquimista Verde

🌿
El Alquimista VerdePlantas Medicinales

Experto en fitoterapia y plantas medicinales con más de una década de experiencia en herbolaria tradicional y medicina natural.

🌱 Plantas Medicinales⏱️ 8 años de experiencia📝 28 artículos publicados
📅 Última revisión: 12/07/2026

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Andrés Felipe Murcia Divulgador de Botánica Tradicional e Investigador Independiente

Plantas Medicinales · 8 años de experiencia · 32 artículos publicados

Me llamo Andrés Felipe Murcia y soy el autor de El Alquimista Verde, un proyecto que nació de una pasión muy profunda por las plantas, la naturaleza y el conocimiento tradicional que ha acompañado a las personas durante generaciones. Desde muy joven sentí una gran curiosidad por todo lo relacionado con el mundo natural. Mientras muchas personas veían las plantas simplemente como parte del paisaje, yo siempre me preguntaba para qué servían, cómo crecían, qué propiedades tenían y por qué nuestros abuelos les daban tanta importancia en su vida diaria.

⚕️ Aviso médico importante: La información de este artículo tiene carácter exclusivamente divulgativo. No sustituye el diagnóstico, consejo o tratamiento de un médico. Consulta siempre con un profesional de la salud antes de usar plantas medicinales, especialmente si tomas medicación o tienes alguna enfermedad.
⚠️ Aviso: Este contenido es meramente informativo y no sustituye el consejo médico profesional. Consulta siempre con un especialista antes de usar plantas medicinales.

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